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Capítulo 13 - Salud Mental y Abuso de Sustancias

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CAPÍTULO 13 - SALUD MENTAL Y ABUSO DE SUSTANCIAS

Content Last Updated: 11/1/2013 4:23:15 PM
Graphics Last Updated: 10/25/2013 3:06:10 PM
Note: Terms in green will show glossary definitions when clicked.

Escrito por William Emmet, El Foro Kennedy por la salud mental de la comunidad

(The Kennedy Forum for Community Mental Health)

¿Que viene despues?

INFORMACIÓN A LA MANO

  • Un estimado de 26.2 por ciento de personas de y mayores de 18 años – casi uno de cada cuatro adultos – sufre de un trastorno mental diagnosticable en un año dado.1
  • Alrededor del 6 por ciento, o 1 de cada 17, sufre de alguna condición mental seria. (SMI por sus siglas en inglés).2
  • La mitad de aquellas personas con casos de enfermedades mentales de por vida o de abuso de sustancias, empiezan a mostrar sus primeros síntomas a partir de los 14 años, y tres cuartos, a la edad de 24. Trastornos de ansiedad e impulso se presentan antes (entre los 11) que el abuso de sustancias (entre los 20) y trastornos del estado de ánimo (entre los 30).3
  • En 2008, algo más de la mitad de los adultos en los Estados Unidos con serias enfermedades mentales (58.7 por ciento) recibió tratamiento por algún problema de salud mental.4
  • En 2006, 36.2 millones de personas en los Estados Unidos recibieron $57.5 millardos ($57.5 billion) en servicios de salud mental, un gasto promedio de $1,591 por persona.5
  • 38,000 personas, aproximadamente, se suicidaron en 2010.6
  • En 2001, 16.7 millones de personas en los Estados Unidos (6.5 por ciento de la población) fue dependiente del alcohol o tuvo problemas relacionados con el consumo (abuso) del alcohol. Esto marca un descenso de los 18.1 millones (o 7.7 por ciento) en 2002.7
  • Más de 8.9 millones de personas padecen enfermedades mentales recurrentes y trastornos por el consumo de sustancias. Sólo el 7.4 por ciento de estas personas reciben tratamiento por ambas condiciones, mientras el 55.8 por ciento no recibe tratamiento de ningún tipo.8
  • Las minorías con trastornos mentales tienen menos contacto con especialistas. En tanto que el 16 por ciento de los blancos con algún trastorno consultan un especialista en salud mental, el 8.7 por ciento de los negros, el 6.8 por ciento de los hispanos y el 4.5 de los asiáticoamericanos lo hacen.9
  • Más de la mitad de los discapacitados con condiciones psiquiátricas inscritos en Medicaid tuvieron también reclamos por diabetes, enfermedades cardiovasculares o pulmonares.10

ANTECEDENTES

Los problemas de salud mental saltaron a los titulares de los medios en 2012 con las horrorosas balaceras en un cine teatro en Aurora, Colorado y en una escuela primaria en Newton, Connecticut que juntas causaron la muerte de 38 personas, incluyendo 20 niños. Ya que la relación entre las enfermedades mentales y la violencia es tenue y compleja, la atención pública ha incitado una conversación activa sobre la salud mental entre los oficiales electos, activistas, líderes religiosos y aquellos que sufren de problemas mentales o que tienen amigos o familiares viviendo con una enfermedad mental.

El Presidente Obama ha persistido en nuevas políticas de salud mental, incluyendo la de empujar al Congreso a financiar programas que ayudarían a los socorristas y a los profesores a identificar y ayudar a las personas con enfermedades mentales. La Casa Blanca ha sido la anfitriona de la Conferencia Nacional en Salud Mental en junio de 2013 para atraer la atención pública en la reducción del estigma de la salud mental con el objetivo de estimular que las personas que las padecen busquen ayuda.11

El gobierno ha prometido concluir los reglamentos de la histórica Ley de Igualdad en Salud Mental y Equidad en la Adicción (MHPAEA), cuyo objetivo era eliminar los límites financieros o de duración inequitativos en la cobertura cuando se comparan con otros beneficios. Se supone que esos reglamentos así lo aclararán a las aseguradoras y pacientes cuando las ampliaciones de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (ACA) sean implementadas en 2014. Se estima que la Ley ACA extenderá cobertura a millones de personas con enfermedades mentales o trastornos por consumos de sustancias que han estado previamente sin cobertura médica.

LA COMPRENSION DE LA SALUD MENTAL Y LAS ENFERMEDADES MENTALES

La enfermedad mental es una condición caracterizada por las alteraciones en el pensamiento, estado de ánimo o comportamiento asociados con la angustia y/o problemas de desempeño.12

Las enfermedades mentales varían desde los trastornos psicóticos más discapacitantes como esquizofrenia hasta los frecuentemente manejables, pero aún serios trastornos afectivos, tales como el bipolar y la depresión. Con frecuencia, los síntomas de varias de estas condiciones ocurren simultáneamente en una persona, lo que dificulta mucho más el diagnóstico y tratamiento. Por ejemplo, no es raro que una persona con esquizofrenia esté al mismo tiempo deprimida o que una persona con depresión sufra de severa ansiedad.13 Uno de cada cuatro adultos, más o menos, experimenta un trastorno mental diagnosticable en un año dado, mientras el 6 por ciento, más o menos, sufre de una seria enfermedad mental como esquizofrenia o trastorno bipolar.14

También ha habido un importante aumento en el número de niños diagnosticado con autismo o un trastorno más amplio en el espectro del autismo. En 2002, casi 1 de cada 150 niños tuvo un trastorno de autismo.15 En 2013, un nuevo informe citando datos de 2011-2012 concluyó que un niño, de cada 50 niños de edad escolar, reunió los criterios para un diagnóstico de autismo.16El autismo se considera una condición de salud mental, pero los servicios se prestan generalmente a través de un sistema diferente de aquellos establecidos para otras condiciones mentales.

Si bien hay aún muchos misterios sobre las causas de las enfermedades mentales, la ciencia señala a la herencia genética y a factores medioambientales como las razones principales. Vínculos genéticos dominantes han sido determinados en la esquizofrenia, trastorno bipolar, y depresión, aunque hay suficientes variaciones para que los científicos crean que la causa esté en algo diferente a la pura genética.17

Un factor medioambiental es el físico o trauma emocional. Quienes han experimentado tales tensiones agobiantes pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático (PTSD por sus siglas en ingles), depresión, y aquellos trastornos psicóticos como esquizofrenia. Las personas que han experimentado presiones físicas y emocionales tienen también tasas más altas de abuso de sustancias.18

Para el tratamiento efectivo de la mayor parte de las enfermedades mentales se cuenta con una variedad de instrumentos, incluyendo terapia cognitiva y de comportamiento, tratamiento con medicamentos, apoyo paritario y familiar, terapias de rehabilitación y un mayor y mejor autoconocimiento. Al emplear estas intervenciones y estrategias, muchas personas con diagnósticos de enfermedades mentales pueden ser capaces de llevar una vida productiva y satisfactoria.

Una tendencia clínica más reciente ha sido la integración de la salud del comportamiento con el tratamiento de salud mental en general. Estudios que han emergido a mediados de la última década muestran que las personas con enfermedades mentales estaban muriendo mucho más jóvenes que las de la población en general, sobre todo como resultado de una condición de salud prevenible.19 Mientras tanto, otros estudios empezaron a demostrar los beneficios de integrar la atención de la salud del comportamiento con los tratamientos para diabetes, enfermedades coronarias y cáncer, entre otras.20

LA COMPRENSION DEL USO DE SUSTANCIAS, ABUSO, Y ADICCION

Más o menos 22.5 millones de personas mayores de 12 años en los Estados Unidos, o el 8.7 por ciento de la población, usaron una droga ilícita o abusaron de algún medicamento de los que se adquieren sin receta durante el mes previo a que sean examinadas, según la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y Salud de 2001 (NSDUH por sus siglas en ingles), conducida por la Administración de Servicios por Abuso de Sustancias y Salud Mental (SAMHSA por sus siglas en ingles). Durante este mismo periodo, 16.7 millones de personas, o el 6.5 por ciento de la población, fueron dependientes del alcohol o estuvieron abusando de él.21 Los costos derivados del abuso de drogas y alcohol, incluyendo la pérdida de productividad y condiciones crónicas de salud, sumaron alrededor de $224 millardos ($224 billion).22

El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) clasifica la adicción como una enfermedad cerebral causada por el abuso de drogas o alcohol. Los cambios en el cerebro resultan de la adicción, la que hace muy difícil de detenerlos. Los factores genéticos cuentan en un 40 a 60 por ciento en la vulnerabilidad a la adicción a la que está expuesta una persona.

Sólo un pequeño porcentaje de quienes tienen adicciones recibe tratamiento. Las más efectivas opciones de tratamiento disponibles son la combinación de terapia del comportamiento y medicamentos seleccionados. Ya que la adicción de por sí es muy compleja, el tratamiento por lo general abarca múltiples necesidades y se enfoca en recuperar la capacidad de interactuar socialmente, trabajar productivamente, o vivir saludablemente.

Alrededor del 90 por ciento de quienes se han hecho adictos empiezan abusando de drogas o del alcohol antes de los 18 años de edad, lo que sugiere que mucho más debe hacerse para prevenir que niños y adolescentes usen drogas y alcohol.23 Las investigaciones en este campo se enfocan en el desarrollo cerebral de adolescentes y cómo los factores sociales y medioambientales pueden influir en su comportamiento. Una reciente propuesta de la Casa Blanca para gastar $110 millones en mapear el cerebro humano puede coadyuvar en el futuro de estos esfuerzos.24

PROBLEMAS SOCIALES

Las personas con enfermedades mentales y trastornos por adicciones corren un riesgo mucho más grande que el que corre el resto de la población por carencia de vivienda, pobreza, malnutrición, y falta de servicios de salud. Alrededor del 26.2 por ciento de quienes estaban en refugios a lo largo del país padecían una enfermedad mental, y el 34 por ciento tenía algún trastorno por el uso de sustancias en 2010.25

Muchos terminaron en la cárcel. Por ejemplo, un estudio en 2009 sobre los reclusos que ingresaron a cinco prisiones locales reveló que 16.9 por ciento sufría de una seria enfermedad mental.26 Otros estudios indican que entre el 10 al 15 por ciento de personas en el sistema de prisiones estatales sufre de una enfermedad mental severa.27

Además, el Departamento de Justicia determinó en un informe de 2006 que casi la mitad de los presos en dependencias penitenciarias federales y estatales en 2004 había sido dependiente o estuvo abusando de drogas con anterioridad a su encarcelamiento. El informe comparó esa tasa de abuso y dependencia en un 2 por ciento de la población adulta en general.28

Las descripciones en los medios de comunicación sobre las personas que tienen problemas de salud mental y abuso de sustancias juegan un rol muy importante en determinando la percepción pública de estos trastornos. El gobierno de Obama ha llegado hasta los grupos de negocios y a los no lucrativos para pedirles que ayuden en los tratamientos de las condiciones de salud mental y abuso de sustancias. La Conferencia Nacional sobre Salud Mental, MTV en junio de 2013 expuso una serie de anuncios de servicios públicos orientados a la juventud. El gobierno anunció una campaña mediática con la mira puesta en los excombatientes y explicó un esfuerzo para colocar información sobre servicios de salud mental en mensajes internéticos a los que acceden frecuentemente los jugadores de videos. Todos apuntan a incitar a las personas con estas condiciones para que busquen ayuda.29

El Consejo Nacional para la Salud del Comportamiento, la asociación que representa a los proveedores de servicios de salud del comportamiento, ayuda a que haya un programa de “primeros auxilios de salud mental” disponible con la mira puesta en trabajadores de emergencia, empleados, legisladores estatales, profesores y otros con información sobre cómo identificar, entender y responder frente a quienes padecen de enfermedades mentales o problemas de abuso de sustancias. La legislación que proveerá los fondos para extender el programa sigue su camino hacia el Congreso en 2013.30

VIOLENCIA

Las masivas balaceras ampliamente difundidas por los medios como las perpetradas en el cine teatro de Aurora, Colorado y en la Escuela Elemental de Newton, Connecticut, han aumentado las preocupaciones sobre la disponibilidad y eficacia de los servicios de salud mental y han reavivado el debate eterno sobre la conexión entre las enfermedades mentales y la violencia.

La mayoría de los investigadores, sin embargo, dicen que no hay relación directa entre tener una enfermedad mental y un comportamiento violento.31 El vaticinador más confiable de que una persona se haga violenta es una historia de violencia, independientemente de una enfermedad mental.32 La probabilidad de violencia aumenta cuando una persona tiene ambas, una enfermedad mental y trastornos por abuso de sustancias.33 Quienes sufren enfermedades mentales son once veces más probables de ser víctimas de la violencia que el resto de la población, según varios estudios en la materia.34 Adicionalmente, quienes sufren enfermedades mentales tienen más probabilidades de volcar la violencia contra ellos mismos. Los suicidios reclamaron 38,000 vidas en 2010.35

MILITARES Y EXCOMBATIENTES- Y SUS FAMILIAS

Una de las consecuencias duraderas de las guerras en Afganistán e Iraq es el incremento en el número de miembros del ejército y sus familias que viven con los efectos de traumas emocionales y daños en la cabeza. En tanto hay variados estimados de cuántos soldados y sus familias sufren de trastornos de estrés postraumático (PTSD por sus siglas en inglés) ,36 esto resulta en un daño considerable e incrementa el surgimiento de otros trastornos médicos y psiquiátricos. 37 Alrededor del 12 por ciento de los militares actualmente desplegados han desarrollado depresión, y la padece el 13.1 por ciento de todos aquellos que fueron previamente desplegados.38

En 2008, el 20 por ciento del personal militar activo dijo haber bebido alcohol en grande cantidades (definido como 5 o más dosis en la misma ocasión y al menos una vez a la semana en los últimos 30 días). Las tasas de suicidio entre los miembros de las fuerzas armadas, activos o recientemente desplegados, también se han incrementado.39Veintidós excombatientes se suicidan diariamente.40 El Departamento de Defensa opera programas para la prevención del suicidio en todas las ramas del ejército, y el Departamento de Asuntos de los Excombatientes (VA por sus siglas en inglés) trabaja en forma similar para reducir las tasas de suicidio entre los excombatientes que atiende. El departamento planeó ser anfitrión de las cumbres de salud mental de todos los 152 Centros Médicos para Asuntos de los Excombatientes de julio a mediados de septiembre de 2013, eventos que buscan mejorar la comunicación con los proveedores de servicios de salud del comportamiento en la comunidad. Y ha estado contratando más profesionales en salud mental a fin de mejorar el acceso a la atención.

ENFOQUE EN PREVENCION

El comienzo adelantado de las enfermedades mentales ha encendido el estudio de los esfuerzos en prevención en los años recientes. La mitad de todos los casos de enfermedades mentales de por vida empiezan a los 14 años, y tres cuartos a los 24 años de edad. 41 Se ha puesto un énfasis particular en la detección y tratamiento de enfermedades mentales severas en su etapa inicial. En las pasadas dos décadas, se ha empezado a reconocer que los trastornos psicóticos tienen una fase presicótica.42

El Programa de Detección Anticipada e Intervención para la Prevención de la Psicosis fue lanzado en 2006 con el apoyo de la Fundación Robert Wood Johnson y fue moldeado después de un programa establecido en el Centro Médico de Maine en 2001. La idea era la de identificar y prevenir la psicosis antes de que los síntomas se hagan severos.

Experimentos mediante — en Maine, New Mexico, Michigan, Oregon, California y New York — se estudiaron durante seis años los efectos de educar profesionales en salud, educadores y miembros de la comunidad para que detecten los primeros signos de las enfermedades mentales severas de modo que ellos podrían dirigir a los adolescentes y adultos jóvenes en riesgo a recibir tratamiento. Así resulta que, California y Oregon están ampliando programas de detección e intervención anticipados y se considera que California es un modelo nacional en potencia.43

ACCESO PUBLICO A LOS SERVICIOS DE SALUD MENTAL En las décadas recientes, el objetivo de los sistemas estatales de salud mental se ha desplazado de los hospitales hacia las instituciones psiquiátricas estatales. Más de 43,000 personas con enfermedades mentales se encuentran actualmente hospitalizadas en instituciones psiquiátricas estatales. Las organizaciones basadas en la comunidad brindan atención a más de 8 millones de adultos y niños con enfermedades mentales y trastornos por abuso de sustancias.44 En años recientes, muchos estados han reorganizado sus agencias públicas para combinar la administración de los servicios de abuso de sustancias y salud mental bajo un mismo manto burocrático.45

PROGRAMAS DE FINANCIAMIENTO PARA SALUD MENTAL Y USO DE SUSTANCIAS

Los subsidios en bloque para salud mental y abuso de sustancias instituidos por el Presidente Reagan en 1981 reemplazaron el financiamiento incondicional para los centros comunitarios de salud mental insertos en la Ley de Salud Mental de la Comunidad promulgada por el Presidente Kennedy en 1963. En la actualidad, el Subsidio en Bloque para Salud Mental cuenta por sólo el 1 por ciento del gasto estatal en salud mental, y el Financiamiento en Bloque para Prevención y Tratamiento de Abuso de Sustancias (SAPT) cubre alrededor del 40 por ciento del gasto estatal en la prevención y tratamiento de abuso de sustancias.46,47

Medicaid, el programa federal-estatal para personas de bajos ingresos, se ha vuelto la fuente única más grande de financiamiento para servicios de salud mental.48

De todos modos, el gasto estatal en servicios de salud mental y abuso de sustancias ha declinado considerablemente mientras la demanda por servicios se ha incrementado. Entre los años fiscales 2009 y 2012, los estados recortaron $4.3 millardos ($4.3 billion) en financiamiento. Al mismo tiempo, 700,000 personas buscaron tratamiento en establecimientos de salud mental a lo largo de la nación en adición a los 8 millones de personas que ya estaban recibiéndolo en los centros comunitarios de salud mental.49

IGUALDAD CON OTRAS CONDICIONES

El acceso a los servicios de salud mental se ha incrementado desde 2008, cuando el Congreso aprobó la Ley MHPAEA. En líneas generales esta ley exige que las aseguradoras comerciales brinden cobertura para salud mental y tratamientos para la adicción que sea comparable a la que brindan para condiciones físicas.

Los servicios de salud mental y abuso de sustancias están entre los diez beneficios esenciales de salud que las aseguradoras deben proveer si estas venden un plan basado en los intercambios estatales de salud creado bajo la Ley ACA; todos los planes deben atenerse a la ley de igualdad. Mientras los servicios de salud mental y abuso de sustancias ya no estarán sujetos a límites arbitrarios o desiguales sobre el costo o duración de los tratamientos, las dudas acerca de cuáles los servicios que deben pagar las aseguradoras no serán respondidas hasta que las normas finales de igualdad sean emitidas, lo que se presume ocurra a fines de 2013. El alcance total de los beneficios disponibles en salud mental y abuso de sustancias no será conocido hasta que los estados aprueben los planes que se ofrezcan a través de los intercambios de seguros, los que se abrirán a la inscripción en octubre de 2013

Adicionalmente, la cobertura estará disponible para muchas personas con necesidades de servicios en salud mental y abuso de sustancias bajo el programa de ampliación de Medicaid hecho opcional para los estados bajo la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos dentro de la Ley ACA en 2012.

Mientras la Ley ACA resultará en un acceso mucho más amplio a los servicios de salud mental y abuso de sustancias, las dudas sobre la naturaleza y la calidad de la atención medica no serán respondidas hasta que la ley sea implementada. Por ejemplo, no está claro si habrá suficientes profesionales en salud mental para atender el creciente número de pacientes. Muchos profesionales en la especialidad esperan que los médicos de atención primaria hagan mucho más para examinar los problemas de los pacientes de salud mental y uso de sustancias. También esperan que el énfasis de la ley sobre la coordinación de la atención entre proveedores, pacientes y hospitales signifique que más pacientes tendrán mayores oportunidades para buscar y recibir servicios de salud mental.

EXPERTOS

Analysts/Advocates

Robert Bernstein, president and CEO, Bazelon Center for Mental Health Law,
202/467-5730, robertb@bazelon.org

Benjamin Druss, Rosalynn Carter Chair in Mental Health, Rollins School of Public Health, Emory University, 404/712-9602, bdruss@emory.edu

William Emmet, program director, The Kennedy Forum for Community Mental Health, 401/578-1529, williamemmet@gmail.com

Michael Fitzpatrick, executive director, National Alliance on Mental Illness,
703/524-7600, mfitzpatrick@nami.org

Richard G. Frank, Margaret T. Morris Professor of Health Care Policy, Harvard Medical School, 617/432-0178, frank@hcp.med.harvard.edu

Sherry A. Glied, professor of health policy and management, Mailman School of Public Health, Columbia University, 212/305-3924, sag1@columbia.edu

Howard H. Goldman, professor of psychiatry, University of Maryland School of
Medicine, 301/983-1671, hh.goldman@verizon.net

Andrew Hyman, team director and senior program officer, Robert Wood Johnson
Foundation, 609/627-5764, ahyman@rwjf.org

Wayne Lindstrom, president and CEO, Mental Health America, 703/684-7722,
wlindstrom@mentalhealthamerica.net

Alison Malmon, executive director, Active Minds, 202/332-9595, alison@activeminds.org

Kevin Martone, executive director, Technical Assistance Collaborative, 617/266-5657, kmartone@tacinc.org

Carol McDaid, principal, Capitol Decisions, Inc., 202/638-0326, cmcdaid@capitoldecisions.com

William McFarlane, director, Early Detection for the Prevention of Psychosis National Program Office, Robert Wood Johnson Foundation Professor of Psychiatry, Tufts University School of Medicine, 207/662-4348, mcfarw@maine.rr.com mcfarw@mmc.org

A. Thomas McLellan, CEO, Treatment Research Institute, 215/399-0980, Tmclellan@Tresearch.org

Sally Satel, resident scholar, American Enterprise Institute, 202/862-7154, ssatel@aei.org

Andrew Sperling, director of legislative affairs, National Alliance on Mental Illness, 703/524-7600, andrew@nami.org

Pat Taylor, executive director, Faces and Voices of Recovery, 202/737-0690, ptaylor@facesandvoicesofrecovery.org

Government/Government Related

Robert W. Glover, executive director, National Association of State Mental Health
Program Directors, 703/739-9333, bob.glover@nasmhpd.org

Larke Huang, director of the Office of Behavioral Health Equity, Substance Abuse and Mental Health Services Administration, Department of Health and Human Services, 240/276-2000, Larke.Huang@samhsa.hhs.gov

Pamela Hyde, administrator, Substance Abuse and Mental Health Services
Administration, Department of Health and Human Services 240/276-2000, Pam.Hyde@samhsa.hhs.gov

Thomas Insel, director, National Institute of Mental Health, Department of Health and Human Services, 301/443-3673

Ronald Manderscheid, executive director, National Association of County
Behavioral Health and Developmental Disability Directors; adjunct professor, Johns
Hopkins Bloomberg School of Public Health, 202/942-4296, rmanderscheid@nacbhd.org

Rob Morrison, executive director, National Association of State Alcohol and Drug Abuse Directors, 202/293-0090, rmorrison@nasadad.org

Fred Osher, director, behavioral health, Council of State Governments Justice Center, 859/244-8000, fosher@csg.org

Nora Volkow, director, National Institute on Drug Abuse, Department of Health and Human Services 301/443-6480

Stakeholders

Mark Covall, president and CEO, National Association of Psychiatric Health Systems, 202/393-6700 x100, mark@naphs.org

Ellen Garrison, senior policy adviser, American Psychological Association,
202/336-6074, egarrison@apa.org

Robert W. Glover, executive director, National Association of State Mental Health
Program Directors, 703/739-9333, bob.glover@nasmhpd.org

Pamela Greenberg, president and CEO, Association for Behavioral Health and
Wellness, 202/449-7660, greenberg@abhw.org

Saul Levin, CEO and medical director, American Psychiatric Association, 703/907-8655, slevin@psych.org

Robert J. Lindsey, president and CEO, National Council on Alcoholism and Drug
Dependence, 212/269-7797 x19, rlindsey@ncadd.org

Linda Rosenberg, president and CEO, The National Council for Behavioral Health, 202/684-7457, lindar@thenationalcouncil.org

Becky Vaughn, CEO, State Associations of Addiction Services, 202/546-4600,
bvaughn@saasnet.org

WEBSITES

National Institute of Mental Health: www.nimh.nih.gov

National Institute on Drug Abuse: www.drugabuse.gov

National Institute on Alcohol and Alcohol Abuse: www.niaaa.nih.gov

Substance Abuse and Mental Health Services Administration: www.samhsa.gov

Mental Health America: www.mentalhealthamerica.net

NAMI (National Alliance on Mental Illness): www.nami.org

The National Council for Community Behavioral Healthcare:
www.thenationalcouncil.org

National Association of State Mental Health Program Directors: www.nasmhpd.org

National Association of State Alcohol and Drug Abuse Directors: www.nasadad.org

ENDNOTES

Endnotes

1 Kessler RC, Chiu WT, Demler O, Walters EE. ( 2005). Prevalence, severity, and comorbidity of twelve-month DSM-IV disorders in the National Comorbidity Survey Replication (NCS-R). Archives of General Psychiatry Jun;62(6):617–27. Retrieved from: http://goo.gl/2rnjqE

2 Kessler RC, Chiu WT, Demler O, Walters EE. ( 2005). Prevalence, severity, and comorbidity of twelve-month DSM-IV disorders in the National Comorbidity Survey Replication (NCS-R). Archives of General Psychiatry Jun;62(6):617–27. Retrieved from: http://goo.gl/2rnjqE

3 Kessler RC, et al. (June 2005). Lifetime Prevalence and Age-of-Onset Distributions of DSM-IV Disorders in the National Comorbidity Survey Replication. Archives of General Psychiatry. June 2005;62(6):593–602. Retrieved from: http://goo.gl/kmkv8E

4 U.S. Department of Health and Human Services. (2009). Results from the 2008 National Survey on Drug Use and Health: National Findings. Substance Abuse and Mental Health Services Administration. Retrieved from: http://goo.gl/ZIUJqa

5 National Institute of Mental Health. (Last Accessed July 11, 2013). Mental Healthcare Cost Data for All Americans (2006). Retrieved from: http://goo.gl/mhzCgc

6 Murphy, Sherr y L., et al. (May 8, 2013). Deaths: Final Data for 2010. National Vital Statistics Reports. Retrieved from: http://goo.gl/hyFBDU

7 Center for Behavioral Health Statistics and Quality (CBHSQ), Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA) (2012). Results from the 2011National Survey on Drug Use and Health: Summary of National Findings. U.S. Department of Health and Human Services (HHS). Retrieved from: http://goo.gl/xmoHgA April 2013

8 Substance Abuse and Mental Health Services Administration, Office of Applied Studies, National Survey on Drug Use and Health, 2008 and 2009. Accessed at http://goo.gl/CnDhRu

9 Substance Abuse and Mental Health Services Administration. (2009). Rates of Co-Occurring Mental and Substance Use Disorders. Office of Applied Studies. Retrieved from: http://goo.gl/xg3hrx

10 R.G. Kronick, M. Bella, T.P. Gilmer. (October 2009) The Faces of Medicaid III: Refining the Portrait of People with Multiple Chronic Conditions. Center for Health Care Strategies, Inc. Retrieved from: http://goo.gl/rf63Uz

11 Sandhya Somashekhar. (June 3, 2013). Obama Calls for Conversation about Mental Health. The Washington Post Health and Science. Retrieved from: http://goo.gl/IrBFdI

12 Mental Health: A Report of the Surgeon General. (1999). U.S. Department of Health and Human Services. Retrieved from: http://goo.gl/JiauaJ

13 For further information about the major mental disorders, visit http://goo.gl/LlWDv8, “Mental Health Information.”

14 Kessler RC, Chiu WT, Demler O, Walters EE. (2005). Prevalence, severity, and comorbidity of twelve-month DSM-IV disorders in the National Comorbidity Survey Replication (NCS-R). Archives of General Psychiatry, 2005 Jun;62(6):617–27. Retrieved from: http://goo.gl/7phcq7

15 Centers for Disease Control and Prevention. (2013). Autism Spectrum Disorders Data and Statistics. Retrieved from: http://goo.gl/6M4GVh

16 Blumberg, S.J., et al, (March 20, 2013). Changes in Prevalence of Parent-reported Autism Spectrum Disorder in School-aged U.S. Children: 2007 to 2011–2012, National Health Statistics Reports, Number 65, Retrieved from: http://goo.gl/tVAXdN

17 The Mayo Clinic. (September 15, 2012). Mental Illness. Retrieved from: http://goo.gl/aBeY7o

18 The National Child Traumatic Stress Network. (June 2008). Making the connection: Trauma and substance. Retrieved from: http://goo.gl/8iaWmr

19 Barbara Mauer et al. (October 2006). Morbidity and Mortality in People with Serious Mental Illness. National Association of State Mental Health Program Directors (NASMHPD) Medical Directors Council. Retrieved from: http://goo.gl/YbGM6u

20 American Hospital Association. (January 2012). Bringing Behavioral Health into the Care Continuum: Opportunities to Improve Quality, Costs and Outcomes, Trendwatch, American Hospital Association. Retrieved from: http://goo.gl/TSeqUP

21 Substance Abuse and Mental Health Services Administration. (2012). Results from the 2011 National Survey on Drug Use and Health: Summary of National Findings. NSDUH Series H-44, HHS Publication No. (SMA) 12-4713. Rockville, MD: Substance Abuse and Mental Health Services Administration. Retrieved from: http://goo.gl/j5eckw

22 Centers for Disease Control and Prevention. (October 17, 2011). CDC Reports excessive alcohol consumption cost the U.S. $224 billion in 2006. CDC Online Newsroom. Retrieved from http://goo.gl/J3rtE9

23 The National Center on Addiction and Substance Abuse at Columbia University. (June 2011). Adolescent Substance Use: America’s #1 Health Problem, Retrieved from: http://goo.gl/lLzb0Q

24 Francis Collins and Arati Prabhakar. (April 2, 2013). The White House Blog. Retrieved from: http://goo.gl/ICQQNm

25 U.S. Department of Housing and Urban Development (HUD). (2011). The 2010 Annual Homeless Assessment Report to Congress. Washington, DC., Retrieved from: http://goo.gl/jPUcxu

26 Henry Steadman, Fred Osher, Pamela Robbins, Brian Case, and Steven Samuels. (June 2009). Prevalence of Serious Mental Illness Among Jail Inmates, Psychiatric Services 60, no. 6 761–65, http://goo.gl/z2i8qJ

27 Richard H. Lamb and Linda E. Weinberger. (April 1998). Persons with Severe Mental Illness in Jails and Prisons: A Review. Psychiatric Services 49 483-92. Retrieved from: http://goo.gl/Tsqldp

28 Mumola, Christopher J., and Jennifer C. Karberg. (October 2006). Drug Use and Dependence, State and Federal Prisoners, 2004 U.S. Department of Justice. Retrieved from: http://goo.gl/2IvPII

29 Sandhya Somashekhar. (June 3, 2013). Obama Calls for Conversation about Mental Health. The Washington Post Health and Science. Retrieved from: http://goo.gl/IrBFdI

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Figure 13.1 Treatment Spending on Mental Health and All Health, by payer 2009

Figure 13.2 Growth in All Health, Mental Health and Substance Abuse Spending (average annual), 1986-2005

Figure 13.3 What's Behind the Increase in Mental Health Spending, 1986-2005

 

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